jueves, 4 de marzo de 2010

La inconstancia de la luz



Hoy, en la televisión, hemos visto un documental sobre astronomía. Hemos descubierto que unos científicos australianos han demostrado que la velocidad de la luz ha disminuido en los últimos tiempos. No han dicho cuánto tiempo quiere decir eso de 'los últimos tiempos'. Nos ha hecho gracia. Podría suceder que la velocidad de la luz siguiese disminuyendo con el tiempo. Uno apretaría un interruptor y pasaría un segundo hasta que se encendiese la bombilla. Nuestro reflejo en el espejo se demoraría en replicar nuestros gestos. Dejaría de ser nuestro reflejo para convertirse en un doble. Pero la pregunta es... ¿qué pasaría durante ese segundo, hasta que el reflejo apareciese delante de nuestras narices? Un segundo durante el cual contemplaríamos el vacío en el cristal, la pared de azulejos a nuestra espalda. Durante un segundo seríamos invisibles como los vampiros.



Quizás un vampiro es un ser que vive en un universo en el que la luz tarda minutos u horas o años en recorrer la distancia que lo separa del espejo. Un vampiro no sabe cómo es salvo por la imagen que le devuelven los otros. Y los otros se ponen de acuerdo en que es alguien que se dedica a morder en el cuello y a chupar sangre. A Borges y a Francisco Ayala no les gustaban los espejos.



En ese sentido eran parecidos a los vampiros. Borges y Ayala no sabían quiénes eran y por eso escribían. Y la literatura era un reflejo que tardaba meses en reflejarlos. Tal vez años. Susan dice que para una mujer es mucho más difícil ser vampiro. El maquillaje se convertiría en un ejercicio de dificultad insuperable. Susan está convencida de que no pueden existir mujeres vampiro. Y si existen, su maldición supera a la de sus compadres masculinos. Antes de salir a cenar, la veo sentada en el sofá del apartamento, la mirada de alguien absorto en un asunto de extrema trascendencia. Qué te ocurre, le pregunto. No sé que ponerme, me responde.

3 comentarios:

Joaquín dijo...

Lo inquietante es que la velocidad de la luz deje de ser una constante, que no haya definitívamente nada absoluto, ningún referente inamovible. Estamos perdidos en un eterno desplazamiento. Así cualquier intento de fijar una identidad, de reconocerla, está abocado al fracaso. Incluso se ha movido el eje de la tierra, lo que al parecer también recorta la duración del dia y del año. Siempre fue así de impreciso el universo, solo que no podíamos medir con precisión. Conseguirlo obliga, paradójicamente a estar siempre midiendo

hautor dijo...

Pues sí, resulta inquietante esto de tener que estar siempre midiendo. Y muy cansino.

Un abrazo.

Robert Fornés dijo...

Una reflexión (y no lumínica, por cierto...) muy interesante, además de acertada.

Un saludo.

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