martes, 27 de octubre de 2009

La sonrisa de la Gioconda

Los ódradeks tienen una capacidad casi inagotable de reproducción. Los ódradeks son singulares, es cierto, pero hay algo en su naturaleza que los predispone a la copia. La sonrisa de la Gioconda, por ejemplo. La mayoría de los turistas se disponen frente al cuadro del Louvre y disparan su cámara fotográfica sin darse cuenta del instinto atávico que los posee en ese momento. Los ódradeks usan al ser humano como aparato reproductivo, ya que ellos (como todo lo monstruoso) son incapaces por sí mismos de hacerlo. Como los insectos que ayudan a polinizar cierto tipo de flores, así el ser humano forma parte del aparato reproductor de los ódradeks. Gracias al ser humano y a sus cámaras fotográficas, el ódradek 'sonrisa de la Gioconda' se ha extendido por todo el mundo, en un ejemplo de éxito reproductivo. Tanto, que ha llegado a conquistar los labios de Susan, quien, esta mañana, al abandonar la cama y entrar a la cocina donde me encontraba preparando el desayuno, han reproducido con meticulosa exactitud la curvatura de los de la Mona Lisa.

1 comentario:

tropovski dijo...

Solo se manifiesta en nuestras personas amadas, cuando en un descuido no saben que la esbozan.

Es una curva asintótica, esa sonrisa. Y todos aspiramos a ella, lo sepamos o no. A alcanzarla inútilmente. Los turistas que la fotografían, sobre todo, y a pesar de que la fotografían. Sobre todo ellos, que se alejan una y otra vez de ella con cada golpe de luz vulgar de sus condenados aparatitos.

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